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No todos los asientos son de la marca Sparco

Lo más bonito de la profesión de periodista especializado en el motor son las pruebas de vehículos, y no sólo hablo de las novedades del sector de la automoción; limpios, relucientes, potentes y, sobre todo, nuevos… hablo de las preparaciones, de esos vehículos que con muchas horas de esfuerzo y dedicación terminan por convertirse en algo que nada tiene que ver con el objetivo para el que inicialmente fueron preparados y diseñados.

En cierta ocasión, un buen amigo, Francisco Romero, o de forma más familiar, y para los amigos, “El Kirri, de Desguaces Romero”, me invitó a realizar un reportaje de un conocido que había preparado un Nissan Patrol para particiar en triales.

Esta persona, Luis Ortigosa, a la cual desde ese momento me une una gran amistad, y un mayor respeto, me llevó a descubrir su obra maestra, eso sí, me comentó que con las prisas no le había dado tiempo a terminar el interior, y le faltaba un pequeño detalle: los asientos.

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Pero como ya estábamos en faena, y las ocasiones en la vida, son pocas y no hay que dejarlas pasar, decidimos buscar una solución temporal tipo Mc Giver, y como lo que más cerca había era un sillita abandonada de algún colegio, pues decidimos que sería lo suficiente como para “hacer el avío” como se dice en mi tierra, y ni cortos ni perezosos, el piloto terminó sentado en la sillita, manteniendo el equilibrio como buenamente podía, y con el brazo fuera durante todo el reportaje con el fin de agarrarse a la puerta, no perder el equilibrio, y terminar en el suelo del Patrol.

Luis Ortigosa a los mandos de su Nissan Patrol.
Luis Ortigosa a los mandos de su Nissan Patrol.

Estas anécdotas, que tampoco tienen mucha importancia, terminan por ser recordadas con el paso de los años. En la lógica evolución del vehículo, que por cierto terminó participando en el Open de Andalucía de Trial 4×4, ya tenía sus asientos en condiciones y homologados, pero claro, eso, ya es otra historia…

Reportaje: Alejandro Triviño

 

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