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El día de la rueda asesina

Si hay algo que tanto mi equipo de producción, como yo, aprendimos en el mundo de los reportajes offroad, y bastante rápido por la cuenta que nos traía, era que cuando asumíamos la responsabilidad de un departamento de prensa de una prueba, o simplemente a la hora de hacer un reportaje, teníamos que guardar una distancia de seguridad apropiada, que nos permitiera en todo momento tener un margen de maniobra y una vía de escape.

En especial en las pruebas de tipo raid, hay que ser muy escrupulosos en este apartado, ya que cuando menos te lo esperas te puedes llevar un buen susto.

En una ocasión, mientras cubríamos una prueba del Nacional de Rallyes Todo Terreno en tierras almerienses, el susto llegó de la mano de un buggy, el vehículo, en plena carrera y en una recta, perdía la rueda de repuesto que llevaba en su parte trasera, ésta, ni corta ni perezosa, enfilaba al equipo de producción, que ese en ese momento lo formábamos tres personas, Sara, nuestra fotógrafa, José Luis, mi compañero de fatigas que realizaba labores de producción, y un servidor, que en esta ocasión, y tras escaparme de la sala de prensa hacía lo que más me gustaba, grabar en vídeo.

Mi compañera logró captar el momento en el que el buggy ya va sin rueda de repuesto, y yo, abajo a la derecha, viendo lo que se me venía encima.
Mi compañera logró captar el momento en el que el buggy ya va sin rueda de repuesto, y yo, abajo a la derecha, viendo lo que se me venía encima.

A la postre, y mientras el buggy continuaba su carrera sin percatarse de la pérdida, la rueda pasaba a su libre albedrío entre nosotros, permitiéndome aguantar un plano que pocas veces se suele pillar, y que por un metro no se quedaba en lo que al final fue, una anécdota más que contar en el parque cerrado.

Después nos tocó llevar la rueda hasta el parque cerrado para devolvérsela a sus legítimos propietarios.
Después nos tocó llevar la rueda hasta el parque cerrado para devolvérsela a sus legítimos propietarios.

Por cierto, después del tramo nos tocó acarrear la rueda hasta el coche, para después llevarla a sus legítimos propietarios, que me imagino se alegrarían de recuperarla, ya que precisamente barata no tenía que ser.

Como es preceptivo, tuvimos que posar con el “Trofeo de Caza”, para dejar constancia de los “peligros” de nuestra profesión.

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